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El peligro de separar la “Santería Cubana” de la “Tradición Yoruba”

Conferencia de 2005

Víctor Betancourt Estrada Omolofaoro, Ògúndá Ìwòrì7 min de lecturaArtículo 40 de 55
Retrato de Víctor Betancourt Estrada Omolofaoro, Ògúndá Ìwòrì

Mensaje para la reflexión.

Se están desenvolviendo ciertos acontecimientos nocivos que fustigan directamente la religiosidad afrocubana, en todo el contexto religioso afro americano y, creo que, ningún religioso, investigador e historiador de nuestro país debería estar ajeno a dichas circunstancias y más aún, no tratar de brindar un tributo honesto y religioso en aras del papel protagónico que ha jugado Cuba en la distensión de las expresiones religiosas de origen africano por casi toda América y algunas que otras partes del resto del mundo.

Muchos detractores tratan de demostrar que en nuestro país, ya no quedan raíces africanas y que nuestra liturgia, esencialmente la de la “Santería”, consiste en un sinnúmero de espectáculos aparatosos para impresionar a los turistas y sacarle dinero deliberadamente. Otros opinan que nuestras casas y altares, son semejantes a un bazar de falsas antigüedades. Nos atacan y quieren demostrar que las prácticas afro cubanas se han encaminado hacia un sentido mercantilista y se han apartado de los valores más puros de la tradición legada por los lúkúmí. En reparo, se están aplicando medidas a los que vienen a iniciarse a nuestras casas religiosas y, muchos de ellos, no son permitidos dentro del marco de los llamados “Tradicionalistas” (nueva tendencia africana). Sabemos que, gran parte de la comunidad cubana en el exterior esta dentro del juego.

Por tales motivos, sería estratégico reforzar, purificar y explayar por toda América nuestros métodos más originales de religiosidad. Pues a pesar de que muchos foráneos reconocen que Cuba tiene el mérito de haber contribuido a la expansión de las tradiciones de los yorubas por el resto del mundo occidental, también creen que se corre el riesgo que pueda perder tan meritoria remembranza.

Muchos latinos se están convirtiendo a la nueva tendencia africanista que, aunque premiada de muchos valores ancestrales, según los pronunciamientos de algunos pocos, afortunadamente, dejan entrever un sentimiento divisionista. No es prudente estar al margen de esos acontecimientos, pues existen muchas verdades en sus esbozos que no se deben subestimar, porque se correría el riesgo de quedar aislados del resto del mundo con una muy particular denominación “religiosa cubana”, no aceptada por los afro americanos ni por nuestra comunidad en el exterior. Si nos aferramos a demostrar que la Santería es una manifestación heterogénea de varias culturas de origen africano, se perdería su influencia global y más aún su influjo dentro del escenario religioso americano, en su totalidad. Nigeria, por ejemplo, esta tomando la vanguardia, dentro del contexto occidental y la mayoría de los practicantes del nuevo mundo están excluyendo a los practicantes afrocubanos. En cierta medida, la perspectiva actual de los nigerianos, es apreciable siempre y cuando no traten de soslayar nuestra acreedora posición histórica.

El vinculo religioso que existe entre padrinos y ahijados cubanos, dispersos por el resto del mundo, no debe romperse por contradicciones litúrgicas y mucho menos por la influencia foránea. Ese vínculo filial resultaría una fuerza socio religiosa universal e imperiosa para la supervivencia de nuestras tradiciones. Por ello no nos debemos aislar del escenario tradicionalista y por el contrario, tratemos de demostrar quienes deberíamos llevar realmente, la vanguardia. Para ello, es muy prudente el diálogo y la meditación. Por nuestra parte, debemos reconocer nuestros errores y tratar de enmendarlos, si queremos sobrevivir al diluvio socio cultural que se nos avecina. Muchas de las prácticas de principios de república se han olvidado y sustituidos por ritos y ceremonias improvisadas, debido a las peyorativas circunstancias sociales y la falta de recursos, pero, hay cosas que no podemos obviar ni modificar aún, dentro de las circunstancias más adversas por las que pudiéramos atravesar. La razón esencial de nuestras prácticas es “el culto a los antepasados” (Ikú lò bí Òşà) que en esencia es: “hacer exactamente lo que ellos hicieron antes que nosotros incluso, fuera de nuestro contexto y hasta en momentos históricos difíciles”.

Es una realidad que se han incorporado algunos anexos criollos a la tradición Lúkúmí, los cuales, han contribuido al embellecimiento del folclor cubano y que no les resta potencialidad a la liturgia que se desarrolla dentro del contexto religioso, como son: los canastilleros, los vestuarios, los bailes improvisados y otras pocas afiliaciones con un emboque autóctono. Todo ello no empaña la originalidad de las prácticas ni de la liturgia legada por los lúkúmí. Pero hay que tener cuidado en improvisar los ritos. Se debe tener en cuenta que la liturgia para las iniciaciones reproduce, mediante la mímica, el hábitat de los animales propios de la tierra yoruba; los cánticos litúrgicos que se enarbolan, son en lengua yoruba, los sacrificios que se realizan, siguen el método ritual de los yoruba y los objetos mágicos religiosos que se utilizan, son representativos de la cultura yoruba.

La deformada religiosidad afrocubana actual, a pesar que se rige por estos patrones, ha modificado en gran medida la mímica ritual, los cánticos, los sacrificios y los elementos mágicos religiosos. Es cierto que la tradición oral tuvo su empañamiento por las difíciles circunstancias históricas que ha atravesado y de hecho se hermetizó escrupulosamente todo tipo de forma de enseñanza tanto oral como escrita. Este fenómeno de no transmitir abiertamente los verdaderos valores tradicionales surge a partir de la “Guerrita del 12” (mayo a junio del 1912) en donde se recrudeció la lucha contra todas las formas de pensamientos y prácticas afrocubanas, básicamente durante el gobierno de Machado. Por ello, se hermetizó la tradición oral y muy pocos continuaron y se mantuvieron en la “resistencia”. Esos pocos tenían muy pocos discípulos y muy pocos tuvieron la precaución de conservar y velar por la preservación de esos valores legados por nuestros antepasados. Hubo mucho temor para acercarse a los eventos religiosos. La situación del hermetismo duró hasta aproximadamente el año 1986, es una realidad. Su incidencia sufrago a un despego de la escuela familiar religiosa y a un distanciamiento del legado. Conozco a muchos que hoy tienen más de 40 años de iniciados y nunca se acercaron a un evento religioso por una u otra razón socio política. Cosas totalmente esenciales, dentro de las iniciaciones, se dejaron de hacer y las nuevas prácticas improvisadas, se han convertido en un costumbrismo que pretenden legitimar como una nueva y plausible tendencia afrocubana. Debemos tener cuidado. No se trata de africanizar las tradiciones ancestrales afrocubanas sino, de restaurar y restablecer los métodos que han caído en desuso y han quedado en el olvido. Desde la década del 1910 hasta la década del 1970 se mantuvo, de cierta forma, la originalidad de los ritos Lúkúmí, semejante a los realizados durante las décadas del 1890 al 1910, período que considero esplendoroso de nuestras tradiciones y ceremonias.

No hay razones para modificar la liturgia. Nuestro país reúne todas las condiciones para realizar un servicio religioso puro y tradicional, así se hizo a principios de república. Las modificaciones se producen por intereses, por olvido o por falta de información. Cuando se traslada una religión de un país a otro hay que tomar en cuenta la transculturación pero, en el caso de Cuba, no existen motivos para que se hayan modificado tantos ritos, ceremonias y atributos.

Los collares de hoy son diferentes a los de la década del 70 de la misma forma, la estructura de Osun, las ofrendas de comidas y adímu; entrega doble de divinidades, la iniciación en Òşà y en Ifá, los ritos son más complicados e incomprensibles, los sacrificios han perdido su esencia; Existe una separación notable entre Bàbálawo y los Òlòşàs producto de la usurpación de deberes por ambas partes. Por supuesto, esta situación contribuye al desorden, al descrédito y al deterioro de la moral religiosa de sus oficiantes. Todo ello es restituible. En nuestro país todavía quedan textos y enciclopedias vivientes que pueden dar fé de cómo se hacia todo lo anterior en épocas no tan lejanas, dentro del escenario afro religioso cubano.

Por estar nuestra liturgia vinculada con la vida animal, no debe tener variación. Mediante ella se contribuye a mantener la propia ecología y la sanidad ambiental. Se restablecen las fuerzas naturales que se alimentan de las almas que emanan de los animales sacrificados. Sacrificamos los animales reproduciendo, ritualmente, los mismos gestos del leopardo; descuartizamos los animales reproduciendo, ritualmente, los mismos gestos del leopardo; nos iniciamos en Òşà reproduciendo los mismo gestos del nacimiento de un antílope; eso, no puede ser modificable de lo contrario, la esencia de nuestras consagraciones perderían su razón de ser y se afectarían sus posibilidades humanitarias de salvación y la contribución al mejoramiento de la calidad de vida. No solamente deberíamos pretender utilizar la fuerza social, por intereses, de nuestras tradiciones sino que, deberíamos aprovecharnos de la considerable fuerza espiritual de sus ritos y ceremonias, pues de ella depende nuestra propia supervivencia como seres encarnados. Tratemos con prestigio religioso y fuerza moral difundir sobremanera por todo el mundo la verdadera “Tradición Lúkúmí Afrocubana”.

Casa Templo Ifá Ìranlówo.

Awo Òrúnmìlà Omolófaoró.

AutorVíctor Betancourt Estrada Omolofaoro, Ògúndá Ìwòrì

Maestro y autor de esta colección homenaje. Texto publicado con autorización.