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El Bàbálawo, la política y la función sacerdotal

Víctor Betancourt Estrada Omolofaoro, Ògúndá Ìwòrì3 min de lecturaArtículo 51 de 55
Retrato de Víctor Betancourt Estrada Omolofaoro, Ògúndá Ìwòrì

¡El Bàbálawo no se mete en política! Esta es una opinión muy popular, intrínsecamente, en el entorno religioso ¿Qué es política? Tendríamos que preguntarnos primeramente antes de seguir repitiendo tal expresión: ¿Qué es la Política o la Politología?

Politología o Ciencia política es la disciplina científica cuyo objetivo es el estudio sistemático de un gobierno en su sentido más amplio. Sus análisis abarcan el origen y tipología de los regímenes políticos, sus estructuras, funciones e instituciones, las formas en que los gobiernos identifican y resuelven problemas socioeconómicos, y las interacciones entre grupos e individuos decisivos en el establecimiento, mantenimiento y cambio de los gobiernos.

Òrúnmìlà fue un politólogo en sus funciones ancestrales. Lo confirma el 65 por ciento de la narrativa inserta en el corpus literario de Ifá, donde Òrúnmìlà intervino, con sus recomendaciones, de una forma u otra, en los asuntos y toma de decisiones de un rey, de un Oba (monarca), de Olófin (quien gobierna en la tierra) y hasta inclusive en los asuntos de Olórun (quien gobierna en el cielo) en momentos de crisis para todo una comunidad. Podemos apartarnos de tan encomiosa tarea o solicitar el lugar que nos corresponde. Tarea un tanto difícil en el mundo contemporáneo. Muchos gobiernos, sumidos en el prejuicio religioso o en la política de marginación, no han querido reconocer el oficio político sacerdotal pero, lo más punzante esta dado, cuando los propios practicantes, religiosos y oficiantes del culto renuncian a dicha función o inmiscuirse en conversaciones y temas sociopolíticos. ¿A qué se teme? Acaso no somos ministros de Òrúnmìlà.

Si nos pronunciamos y rogamos por las personas y los niños que mueren en el mundo, producto de las guerras y el genocidio y damos nuestras recomendaciones, nos llaman comunistas; si rogamos por la salud de una persona contraria al gobierno establecido y luchamos por su vida nos llaman disidentes; si rogamos por la salud del propio mandatario, sin que medie el criterio político e imparcialmente abogamos por su vida, nos llaman informantes; si rogamos por la salud de un delincuente, no hay comentarios. Ha sido tanta la marginación que el propio sacerdote de Ifá y sus seguidores se subvaloran y se mantienen al margen de todos los cambios y sucesos sociopolíticos que se desenvuelven a diario a su derredor y muchos prefieren, sin salirse, mantenerse dentro del entorno marginado y dedicarse al saneamiento, específicamente, de las personas rechazadas. En la antigüedad el sacerdote era el consejero del monarca, el médico y el politólogo de de su comunidad y, por ello, ayudaba a legislar las medidas que contribuyeran al orden y a la armonía de todos.

Nos estamos alejando de la actitud imparcial que debe mantener un verdadero sacerdote; nos estamos convirtiendo en practicantes y no en mediadores de la opinión. Si renunciamos a la oración y a la propagación del bien y de rogar por la salud y la vida humana, nos estaríamos despersonalizando con respecto a nuestro juramento supremo: “Salvar a la Humanidad”. No podemos dejar de sanar espiritualmente al bueno y al malo; entre el bien y el mal; entre la oscuridad y la claridad; entre el cielo y la tierra esta, justo al medio, el Àşe (autoridad, amén) y este es propio de un sacerdote de Ifá.

Omolófaòro.

AutorVíctor Betancourt Estrada Omolofaoro, Ògúndá Ìwòrì

Maestro y autor de esta colección homenaje. Texto publicado con autorización.